jueves, 19 de junio de 2014

"Nos quedaremos solos, yo y el sol", del libro "La noche y su perdón"

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NOS QUEDAREMOS SOLOS, YO Y EL SOL,

en esta bienvenida de la tarde. Seremos sólo dos,

el sol y mi abandono. Y es probable

que en esas embestidas de la luz

contra las nubes rotas

una recta de mí sea capturada.


Hoy sólo tengo esto, el sol y la escultura

degradable que uso como cuerpo.

Hoy sólo tengo lana en el jersey

y edificios vacíos que acogen unas vidas

que no puedo abrazar.



¿Acaso existe

una herida en mi cuerpo, o sólo es el escape

de aire de una rueda?


Mira, cielo, reconoce a tu súbdito,

con las manos abiertas y la respiración

entregada a tu reino:

reconoce mi llaga, ocúpame:

mira que estoy pasando, como pasan tus nubes;

aunque nunca podré disolverme,

no podré perdurar

en la limpia caída que ellas logran.


¿Para qué necesito formular un deseo

y luego trabajar su cumplimiento?

Es bueno estar aquí, es bueno y es bastante,

en este bar vacío, donde la camarera no me conoce,

y trabaja a mi espalda y para nada me necesita,

y bien me olvidará en cuanto me vaya

de su cafetería y su negocio.



¡Y ser tan solitario, y ser tan íntimo,

y asumir aun así el desafío

de dar una respuesta,

de escribir un poema donde todo acabe cuadrando,

o al menos disimule la increíble certeza

de que todo está fuera de su lugar,

de que no hay solución,

y sólo un río de llanto, de alcohol o de sonrisas

podría liberarnos!


Yo aquí hago las paces:

el cielo es mi frontera, y mi disolución, en el cielo me entrego,

y el cielo proveerá;

yo sólo escribo aguas

que se evaporarán

y en el cielo serán diseminadas.