martes, 5 de mayo de 2009

Lectura del poema 9 de Ciudad Iluminada

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Poema 9 de Ciudad Iluminada

9
En algún punto está mi concreción. Alguna fiesta. He de oler entre hipnóticos perfumes, perfumes de mujer que se embozan el pecho de insistencias. Tengo que llegar a mi región, a la tierra en la que tengo gente. La primavera ha estallado en silencio, y la lluvia ha dejado limpio el aire. La luz es la señora. La luz blanca. La calle es una riada de gente y yo debo encontrar mi rostro verdadero.
Han dicho que soy joven, y que eso es fantástico. Pero a mí poca gente me sonríe, y yo no tengo nada, sólo un limpio deseo que no sé canjear. Como la primavera estoy brotando, estoy haciendo fuego contra el mundo, aunque no sepa aún cómo entregar mi llama.
Quiero amar, quiero mi parte en el planeta, y estas damas de plástico y toxinas han llenado el espacio con su angustia, sus olores de falsa primavera. Me pueden despreciar los consultores, las bellezas del mundo superior, me empujarán los cómodos extraños y seré ignorado principalmente por todo el mundo; yo tampoco veré sus caras muertas.
Pero en algún punto sano del espacio entrará mi mirada de tornillo y hallaré quien me crea, quien me vuelva al jardín de la existencia. Significaré cuando me reconozcan. Estoy vivo, y si una criatura de mi especie se cruza en mi camino, sabré reconocerla. Sólo tengo una flor en mi sonrisa, y el que sólo tiene una cara es verdadero y es puro y es real.
Si el deseo lo emito como esta luz de día, si sólo primavera es mi solicitud, si caigo como el limpio del cielo sobre el aire, no habrá nada que pueda gastarme la estatura, y nunca seré infame, ni necio ni culpable, si tan sólo a mi piel es a quien sirvo.